Ojos que no ven…

Ahora que como sociedad hemos decidido que la pandemia de COVID forma parte del pasado, me resulta curioso ese pacto de silencio que solemos realizar con determinados temas. Respecto a lo primero, solo es necesario observar cómo ya hablamos en pasado de la pandemia. Es frecuente oír eso de «cuando la pandemia…». Respecto a lo segundo, no solo la decisión de contabilizar los casos de otra manera o de dar información (con poco eco ya en los medios) sólo dos veces en semana y de forma parcial (mayores de 60 años). También el silencio generalizado (al menos, el que yo observo) respecto al tema sanitario en general. Igual que nos hemos olvidado de la gente de La Palma (cuantas veces dijimos aquellos de «no os olvidaremos») nos hemos olvidado de los profesionales de la salud (sí, aquellos héroes a los que aplaudíamos desde el balcón cuando no teníamos otra cosa que hacer) y, sobre todo, de nuestros mayores y su situación en las Residencias.

Una amiga sanitaria ayer día me contaba el dato «oficial» de la Comunidad de Madrid de que el 15% de las plazas (médicos) del Sistema de Salud Primaria están sin cubrir. Pero no sin cubrir de forma fija, sino sin cubrir ni con interinidades ni con suplencias. Y en ciertos barrios de Madrid más desfavorecidos (los que más lo necesitan) esta cifra alcanza el 25-30%.

También en los últimos días, me han llegado historias de amigos con familiares hospitalizados contando historias para echarse a llorar en cuanto al trato recibido y las condiciones de los ingresos. Y, personalmente, estoy viviendo de cerca el estado de descomposición en el que se encuentran las residencias de ancianos, algunas de las cuales cobran entre 3000 y 5000 euros al mes.

Obviamente, estos son historias individuales difíciles de extrapolar, pero sospecho que no son una excepción a la regla, sino más bien una muestra (la punta del iceberg) de lo que realmente está sucediendo con las secuelas que la COVID está dejando en nuestro sistema socio-sanitario (¿uno de los mejores del mundo?).

A la vista de todo esto me he ido a consultar los datos del MoMo (de los que hablé mucho en mis artículos sobre la pandemia) y me encuentro que desde el 24 de abril, estamos en un nuevo periodo de «sobremortalidad» (por todas las causas) que no deja de ser un claro indicador de que algo está pasando. O bien, que la COVID sigue siendo más letal de lo que pensamos (o queremos pensar) o bien que el Sistema ha quedado muy tocado. Si es así, o dejamos de mirar para otro lado, o lo que se nos avecina puede ser demoledor. Claro que estas cosas solo las ve el que las sufre de cerca, mientras los demás tenemos la venda en los ojos.

Mortalidad en España desde el 1 de abril de 2022. Fuente: MoMo

Publicado por Gonzalo Montero

Cuestionando el mundo para intentar entenderlo

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